El turismo necrológico argentino es una experiencia cultural de memoria colectiva
Jueves, 12 Marzo 2026 14:30

El turismo necrológico argentino es una experiencia cultural de memoria colectiva Foto: Prensa Ciudad de Mendoza

El turismo necrológico o tanatoturismo, antes asociado solo a curiosidades locales, se convirtió en una tendencia cultural en expansión en distintas urbes argentinas para comprender la historia a través de sus cementerios, monumentos y leyendas urbanas. Ciudades como Buenos Aires, Córdoba, Rosario y Mendoza encabezan un circuito que combina arquitectura, arte funerario y memoria social con una mirada respetuosa hacia los rituales y las huellas del pasado.

El Cementerio de la Recoleta, en la Ciudad de Buenos Aires, es el punto más emblemático del turismo necrológico argentino. Fundado en 1822, su trazado reproduce una auténtica ciudad de mármol con calles, esculturas y mausoleos de próceres, artistas y figuras políticas que marcaron la identidad nacional. Las visitas guiadas, organizadas por la Secretaría de Cultura porteña, reciben cada año a más de 800.000 turistas. Evita, Sarmiento, Mitre y Victoria Ocampo son algunos de los nombres que convocan a visitantes de todo el mundo.

La ruta se extiende hacia otros destinos con fuerte valor patrimonial. En Córdoba, el Cementerio San Jerónimo, declarado Monumento Histórico Nacional, ofrece recorridos nocturnos que combinan arte, historia y relatos populares sobre las familias fundadoras de la provincia. El interés se centra tanto en la arquitectura funeraria como en la simbología de los monumentos, muchos de ellos diseñados por escultores italianos del siglo XIX.

En Rosario, el Cementerio El Salvador es otro punto clave del turismo necrológico argentino. Además de albergar los restos de personalidades ilustres como Lisandro de la Torre o Roberto Fontanarrosa, propone visitas temáticas que integran historia urbana y patrimonio cultural. Las actividades se complementan con caminatas guiadas por los barrios fundacionales de la ciudad, donde se explica el vínculo entre el desarrollo urbano y las prácticas funerarias de distintas épocas.

Cementerio de Mendoza | Tripin Argentina

Mendoza, por su parte, combina el turismo del vino con la memoria de sus pioneros. El Cementerio de la Ciudad, inaugurado en 1827, fue restaurado recientemente y se incorporó a los circuitos turísticos oficiales como parte del “Camino de los Fundadores”. Allí reposan figuras del mundo vitivinícola, militar y político que forjaron la identidad cuyana. La fusión entre historia y paisaje andino ofrece una experiencia singular para quienes buscan conocer la raíz de la cultura regional.

El auge del tanatoturismo también incluye espacios contemporáneos vinculados a la memoria reciente. El Parque de la Memoria, en la Costanera Norte porteña, es un ejemplo paradigmático: combina arte público y homenaje a las víctimas del terrorismo de Estado. En Córdoba y Tucumán, antiguos centros clandestinos de detención fueron reconvertidos en sitios de visita guiada, promoviendo una reflexión profunda sobre los derechos humanos.

Especialistas en patrimonio y turismo cultural destacan que esta modalidad fomenta un vínculo emocional con la historia. No se trata de una atracción macabra, sino de una forma de conocer el país desde la mirada del arte funerario, las creencias populares y las transformaciones sociales. Las agencias que la promueven subrayan la importancia del respeto, la conservación y la educación patrimonial en cada recorrido.

En un contexto donde los viajeros valoran cada vez más las experiencias auténticas, el turismo necrológico argentino se consolida como una puerta para comprender la identidad nacional desde el silencio, la memoria y la belleza escultórica. Entre mausoleos centenarios, jardines y nombres grabados en piedra, se revela otra manera de viajar: una que honra la historia mientras invita a pensar en la vida.

Una apuesta a favor del necroturismo