Según un informe de la plataforma digital JR Pass, los viajes ferroviarios recuperaron protagonismo por su comodidad, bajo impacto ambiental y atractivo visual,. Todo esto se disfruta todavía más en otoño donde los paisajes se tiñen de tonos dorados y rojizos.
En primer lugar se ubica la GoldenPass Line de Suiza, una travesía de 191 kilómetros que une Montreux con Interlaken atravesando lagos, montañas y valles alpinos. A bordo de antiguos trenes panorámicos, los pasajeros pueden disfrutar vistas del Lago Leman, el Mont Blanc y el Matterhorn, además de visitar el icónico Castillo de Chillon, una joya medieval que domina las orillas del lago.
Para quienes prefieren climas templados, el tren de Sóller en Mallorca representa una alternativa perfecta. Inaugurado en 1912, conserva sus vagones de madera originales y une Palma con Sóller a través de la Sierra de Tramuntana, declarada Patrimonio de la Humanidad. Durante el recorrido se atraviesan huertos de cítricos, túneles centenarios y miradores naturales, con una parada cultural en la estación de Sóller que alberga obras de Miró y Picasso.

Entre los paisajes más salvajes del este europeo destaca el ferrocarril de vía estrecha de Ródope, en Bulgaria, una ruta de 125 kilómetros que serpentea entre valles y montañas. Considerada una hazaña de ingeniería, permite descubrir aldeas detenidas en el tiempo, bosques de hayas doradas y senderos que invitan a explorar el corazón natural del país.
El cuarto lugar corresponde al ferrocarril de Semmering, en Austria, la primera línea del mundo en cruzar un paso de alta montaña. Su trayecto entre Gloggnitz y Mürzzuschlag ofrece una vista majestuosa de viaductos de piedra y túneles excavados a mano, rodeados por los vibrantes colores del paisaje otoñal. Declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, es un emblema del turismo ferroviario europeo.
Por último, el tren de cremallera de Schneeberg, también en Austria, lleva a los pasajeros hasta la estación Hochschneeberg, situada a 1.800 metros de altura. Desde allí, los viajeros pueden disfrutar panorámicas únicas de los Alpes y degustar los tradicionales buchteln, dulces rellenos de mermelada que se sirven en la estación Baumgartner.
Estos itinerarios, seleccionados por JR Pass como los más fotogénicos del otoño europeo, reflejan una tendencia creciente: viajar lento, con conciencia ambiental y con la mirada puesta en el paisaje. En tiempos donde la sostenibilidad redefine el turismo, el tren vuelve a ser protagonista de las grandes historias de viaje.










