La rambla, los cerros y las playas marcaron el pulso de la temporada. Caminatas al atardecer, paseos en bicicleta y terrazas frente al mar conviven con una oferta gastronómica y comercial activa que consolidan a Piriápolis como una alternativa clásica que mantiene vigencia. El entorno natural, con la silueta verde de los cerros y el Atlántico abierto, reforzó la identidad del destino como espacio de descanso sin perder dinamismo.
En ese escenario, el protagonismo lo sostuvo el Hotel Argentino, una joya arquitectónica inaugurada en 1930 e impulsado originalmente por Francisco Piria. El establecimiento combinó su estructura histórica de pisos de mármol con techos altos y vitrales a la que enriqueció con los procesos de renovación proyectados para completarse antes de la próxima temporada alta. La actualización de fachada, climatización, colchones y baños mantiene estándares contemporáneos sin resignar identidad.
La temporada mostró números sólidos. En enero la ocupación alcanzó el 87% y en febrero superó el 75%, impulsada por el feriado de Carnaval, lo que confirmó el atractivo sostenido del hotel y del destino en general. La propuesta integral incluyó parque frente al mar, piscinas con agua de mar natural y climatizada, spa reformulado, centro termal y múltiples opciones deportivas para todas las edades.

El perfil familiar también fue un diferencial. Club de Niños, espacios para adolescentes y torneos recreativos consolidaron una experiencia intergeneracional, donde el descanso convivió con la actividad física y el entretenimiento supervisado. Esta estructura permitió ampliar la estadía promedio y diversificar el consumo interno del complejo.
La dimensión cultural sumó visibilidad. Un espectáculo gratuito que reunió a 20.000 personas en las escalinatas del hotel reforzó el vínculo entre patrimonio y comunidad, integrando turismo y vida local en un mismo escenario. Las charlas históricas sobre el edificio y la figura de Piria aportaron valor agregado a la experiencia.
Para el turismo argentino, Piriápolis ofreció proximidad, precios competitivos y una propuesta consolidada. La combinación de paisaje, tradición hotelera y servicios completos sostuvo la demanda regional, especialmente en escapadas de fin de semana largo y vacaciones familiares.
Así, el verano en Piriápolis no se limitó a la playa. La ciudad uruguaya consolidó un modelo donde historia, confort y naturaleza se potencian mutuamente, reafirmando que el encanto de lo clásico puede convivir con la modernización sin perder autenticidad.










