El dato no sólo es contundente desde lo simbólico -un país que recibe en un año tantos turistas como habitantes tiene-, sino que también confirma al turismo como uno de los pilares estructurales de la economía uruguaya, con capacidad para dinamizar empleo, servicios y consumo interno.
Un año con números de “temporada larga”
Los registros oficiales de 2025 muestran que el crecimiento no se explicó únicamente por una mayor cantidad de visitantes, sino también por una mejora en la calidad del gasto. El turismo receptivo aumentó cerca de un 8% interanual, mientras que el gasto promedio por persona también registró una suba significativa, reflejando estadías más largas, mayor consumo y una diversificación de experiencias.
Este comportamiento refuerza una estrategia que Uruguay viene sosteniendo desde hace años: apostar no sólo al volumen, sino al valor agregado, con una oferta que combina servicios profesionales, infraestructura consolidada y una experiencia turística reconocible.

Argentina, el socio natural que volvió a empujar la aguja
Como ocurre históricamente, Argentina fue el principal mercado emisor. Durante 2025 ingresaron desde ese país más de 2,4 millones de turistas, que además encabezaron el aporte en divisas, con un gasto estimado cercano a los 1.175 millones de dólares.
En segundo lugar se ubicó Brasil, con casi 490 mil visitantes y un gasto superior a los 330 millones de dólares, consolidando el clásico eje regional que sostiene buena parte del turismo uruguayo: cercanía, conectividad y una relación cultural fluida con ambos países vecinos.
El “paquete Uruguay”: calidad, servicios y experiencia
Más allá de las cifras, 2025 confirmó una percepción ampliamente compartida en el sector: Uruguay vende experiencia. A la tradicional propuesta de sol y playa se suman factores que explican la fidelidad de los visitantes: calidad en los servicios, previsibilidad, seguridad, buena gastronomía, agenda cultural y destinos pensados a escala humana.
La hotelería, la gastronomía y los servicios turísticos muestran altos niveles de profesionalización, acompañados por políticas públicas que promueven estándares de calidad, accesibilidad e inclusión. Esa combinación permite que muchos visitantes repitan el destino año tras año, aun en contextos económicos cambiantes en la región.
Destinos que explican el fenómeno
El mapa turístico uruguayo mantiene ejes bien definidos. Montevideo se consolida como capital cultural y gastronómica, con una oferta urbana que combina historia, barrios, teatros y rambla. Punta del Este y el departamento de Maldonado continúan siendo el principal polo internacional, con eventos, hotelería de alto nivel y servicios premium. Colonia funciona como puerta de entrada privilegiada desde Buenos Aires, con su impronta patrimonial y su cercanía fluvial.
A estos destinos tradicionales se suman propuestas emergentes vinculadas al turismo rural, enológico, termal y de naturaleza, que amplían la estadía y diversifican el gasto.
Turismo como exportación de servicios
En un país de dimensiones reducidas, el turismo opera como una verdadera exportación de servicios: cada visitante consume alojamiento, gastronomía, transporte, cultura y recreación, generando un efecto multiplicador en distintos sectores de la economía.
Durante 2025, además, el comportamiento de la balanza turística acompañó el buen desempeño del sector, con un fuerte flujo receptor y un impacto positivo en el ingreso de divisas.
Un cierre con lectura regional
El dato que dejó 2025 —un Uruguay entero de turistas— resume una tendencia clara: el país logró consolidar una marca turística basada en cercanía, calidad y diversidad de experiencias. Con Argentina como socio natural y Brasil como complemento estratégico, el turismo volvió a mostrarse como un puente económico y cultural en el Río de la Plata.
Cuando la región se piensa como corredor y no como frontera, los números acompañan. Y en 2025, Uruguay lo confirmó con estadísticas récord.










