El informe identificó un fenómeno creciente por la masificación turística y la forma de vida acelerada de las grandes capitales que transforma los viajes en experiencias agotadoras donde la prisa, el ruido y la falta de espacios de descanso reemplazan al ideal de desconexión.
En la última década, Japón pasó de recibir seis millones de visitantes en 2011 a más de veinticinco millones en 2023, un salto que consolidó su atractivo internacional pero también generó sobrecarga urbana. Uno de cada cuatro viajeros asocia su paso por las ciudades japonesas con ansiedad o fatiga, especialmente por la densidad y la dificultad de encontrar momentos de calma.
Tras analizar a 117 naciones de los cinco continentes, el Foro Económico Mundial posicionó a Japón como líder del ranking global de desarrollo turístico gracias a ser calificado con un 5,2 sobre un puntaje máximo de siete considerando su patrimonio, sustentabilidad ambiental, situación política, facilidad para recibir viajeros procedentes del exterior e infraestructura.
El fenómeno se repite en Shanghái, Pekín y Phuket, donde el exceso de visitantes, los atascos y la concentración en puntos emblemáticos provocan una saturación constante de espacios turísticos. En Europa y América, Londres, Nueva York, Praga y París completan la lista por la misma razón: multitudes, transporte congestionado y una agenda cultural tan intensa que el descanso se vuelve casi imposible.Sin embargo, el estudio también destaca ciudades refugio donde la experiencia se invierte. Tallin (Estonia) lidera el ranking de urbes menos estresantes del mundo, con apenas un 1,6% de comentarios negativos vinculados a la ansiedad. Zhuhai y Guilin, en China, completan el podio gracias a sus entornos naturales, sus paisajes y la sensación de serenidad que ofrecen al visitante.
El contraste entre estos destinos expone la paradoja del turismo contemporáneo: los lugares más deseados se vuelven víctimas de su propio éxito. Frente a esa realidad, expertos en sostenibilidad recomiendan redescubrir ciudades pequeñas, priorizar viajes fuera de temporada y buscar experiencias de bajo impacto ambiental.
En tiempos donde viajar se asocia tanto con libertad como con saturación, la próxima gran tendencia podría no ser encontrar más destinos, sino aprender a elegirlos con menos prisa y más conciencia.









