Esta obra respondió a una estrategia integral. El proyecto se desarrolló en conjunto con la Fundación Rewilding Argentina, articulando sector público y privado para potenciar el destino. La infraestructura amplió la capacidad turística. El nuevo refugio incorporó veinticuatro plazas adicionales, elevando la oferta total del complejo a 39 alojamientos entre glamping y camping.
El impacto fue directo en el empleo local. Más de doscientas familias viven actualmente del turismo en la zona, vinculadas a servicios, gastronomía y producción artesanal. El turismo se consolidó como motor económico. La actividad fue definida como una “industria sin chimeneas”, por su capacidad de generar ingresos sin afectar el entorno.
El modelo priorizó la sostenibilidad. La iniciativa integró conservación ambiental, desarrollo turístico y arraigo comunitario, en uno de los ecosistemas más importantes del país. El destino sumó valor diferencial. El parque ofrece experiencias vinculadas a la fauna, flora y proyectos de reintroducción de especies como el yaguareté, fortaleciendo su atractivo internacional.
La propuesta turística siguió creciendo. El nuevo refugio se incorporó a una red de servicios en expansión, acompañando la demanda creciente de visitantes. El objetivo fue claro. Consolidar a El Impenetrable como destino de naturaleza a nivel nacional como en los mercados extranjeros, generando desarrollo económico con identidad local.








