En la última temporada, América Latina registró un crecimiento sostenido en la llegada de cruceristas, con Brasil, Chile, Uruguay y Argentina entre los destinos más elegidos. Los puertos de Santos, Valparaíso, Montevideo y Buenos Aires recuperaron los niveles de actividad previos a la pandemia, y en algunos casos los superaron, gracias a la incorporación de nuevas rutas y al aumento de la oferta hotelera flotante.
Los datos de la Asociación Internacional de Líneas de Cruceros (CLIA) confirman esta tendencia: más de 31 millones de personas viajaron en crucero durante el año pasado y se espera que la cifra supere los 35 millones en 2026. América del Sur ya representa el 7% del mercado mundial, un porcentaje que crece cada año con la incorporación de itinerarios que integran turismo urbano, naturaleza y cultura costera.
Los destinos portuarios también se reinventan. Ciudades como Ushuaia, Cartagena, Puerto Madryn y Salvador de Bahía diversifican sus servicios para recibir embarcaciones de última generación, mientras impulsan políticas de turismo responsable y reducción de emisiones. Los nuevos barcos, equipados con sistemas de propulsión híbrida y gestión de residuos avanzada, reflejan el compromiso de la industria con los objetivos de sostenibilidad ambiental.

El turismo marítimo abarca mucho más que los cruceros. El auge de la navegación deportiva, los ferris interregionales y los viajes fluviales genera un impacto económico que trasciende la actividad turística.
En el litoral argentino, por ejemplo, los circuitos náuticos del Delta y el Litoral Mesopotámico experimentan un aumento del 25% en reservas, impulsados por propuestas de ecoturismo y experiencias gastronómicas.
Además, el turismo antártico, con base en Ushuaia, alcanza cifras récord: más de 100.000 visitantes durante la última temporada. Esta modalidad, centrada en la observación científica y el respeto por el entorno natural, refuerza la posición del extremo sur argentino como capital del turismo de expedición en el hemisferio sur.
Las perspectivas para 2026 son alentadoras. El Banco Interamericano de Desarrollo proyecta que el turismo marítimo aumentará su aporte al PBI regional en un 15%, gracias a inversiones en infraestructura portuaria, capacitación laboral y alianzas público-privadas.
Más allá de su impacto económico, el turismo marítimo representa un cambio de paradigma: viajar por mar vuelve a ser sinónimo de descubrimiento, sostenibilidad y conexión cultural. En cada puerto, el océano deja de ser frontera y se convierte en punto de encuentro, impulsando una nueva etapa de desarrollo turístico basada en la innovación y el respeto por la naturaleza.










