La demanda turística se mantiene activa pero con cambios en el comportamiento. Los viajeros continúan planificando vacaciones, aunque priorizan destinos dentro de su propio país o regiones próximas como forma de reducir los gastos y simplificar la logística.
El contexto internacional influye directamente en esta tendencia. La inestabilidad geopolítica y el encarecimiento del combustible generan incertidumbre, lo que desalienta los viajes de larga distancia y favorece escapadas más cortas y flexibles.
El turismo de proximidad redefine las elecciones. Las reservas domésticas y regionales ganan protagonismo frente a destinos lejanos, consolidando una lógica basada en la previsibilidad económica y la facilidad de traslado.
El cambio también beneficia a nuevos segmentos. El turismo rural y de naturaleza crece en todo el viejo continente con especial interés por destinos de montaña y entornos tranquilos, posicionándose como alternativas clave dentro de la temporada estival.










