El peso económico del sector es determinante. El turismo costero y marítimo representa uno de los principales motores de la industria global, generando empleo y aportando significativamente al producto bruto, especialmente en regiones altamente dependientes de esta actividad.
La presión sobre los territorios es cada vez mayor. La concentración del desarrollo turístico en zonas costeras frágiles y la alta estacionalidad intensifican fenómenos como el overtourism, el encarecimiento del costo de vida y las tensiones sobre las comunidades locales, afectando la calidad de vida y el equilibrio ambiental.
El modelo actual muestra límites estructurales. Las políticas históricamente priorizaron el volumen de turistas por sobre la sostenibilidad, lo que expone al sector a crisis climáticas, geopolíticas y sanitarias que impactan directamente en su estabilidad.
El futuro exige una gobernanza compartida. La articulación entre países, sector privado y comunidades aparece como clave para equilibrar desarrollo económico, resiliencia ambiental y bienestar social, consolidando un turismo azul más sostenible en el largo plazo.








