El estudio, realizado en colaboración con la Asociación Unitaria de Empresas Turísticas (Assoturismo), atribuye la desaceleración del turismo interno a la continua pérdida de poder adquisitivo de las familias italianas. No obstante, el total de visitas turísticas creció un 2,5% en comparación con el año anterior, sumando 458,5 millones.
Lacio, con Roma a la cabeza, se mantuvo como la región con mayor afluencia de turistas, consolidándose a la capital como uno de los destinos más visitados a nivel global por su riqueza histórica, cultural y artística.

Otras ciudades como Venecia en Véneto, Milán en Lombardía, y las ciudades de arte de Toscana como Florencia, Pisa y Siena, así como localidades en Campania como Nápoles, la costa de Amalfi, Pompeya y la isla de Capri, también registraron un alto número de visitantes.
Además, regiones menos tradicionales como Sicilia, Calabria, Abruzos y Apulia vieron un incremento en la cantidad de visitantes, lo que refleja un creciente interés por explorar otros rincones menos conocidos de Italia.
Este aumento en el turismo extranjero y en áreas menos frecuentadas subraya la capacidad de Italia para seguir atrayendo viajeros internacionales, diversificando su oferta turística más allá de los destinos tradicionales.
