Una derrota que no borra la historia
Durante décadas el fútbol argentino vivió preso del resultado inmediato. Cada triunfo parecía eterno y cada derrota habilitaba críticas demoledoras. Esta vez ocurre algo distinto. Perder una final del mundo duele. Nadie puede minimizarlo. Pero también existen derrotas que no alcanzan para borrar una obra construida durante años.
Argentina volvió a demostrar competitividad, personalidad y convicción. Llegó a otra final enfrentando a una España joven, intensa y con un proyecto que representa el futuro del fútbol europeo. La diferencia fue mínima. El partido pudo haber cambiado con un gol más o con una jugada distinta. Sin embargo, el desenlace no modifica la dimensión histórica de este equipo.
Una generación irrepetible
El tiempo también juega. Más allá de lo que decidan sus protagonistas, todo indica que esta fue la última gran función compartida por varias de las figuras que marcaron una época. Lionel Messi, Emiliano Dibu Martínez, Nicolás Otamendi, Nicolás Tagliafico y Rodrigo De Paul, entre otros, integran una generación que cambió para siempre la historia de la Selección.
Los números hablan por sí solos. Cinco finales internacionales, cuatro títulos, dos Copas del Mundo, otras dos de América y la Finalissima con goleada a Italia por 3 a 1. Muy pocas selecciones sostuvieron semejante nivel de excelencia durante tantas temporadas consecutivas. El legado va mucho más allá de las copas. Quizás el mayor triunfo de este ciclo no figure en ninguna estadística.

El entrenador Scaloni reconstruyó una selección que había perdido identidad después de años de frustraciones. Messi terminó de reconciliarse definitivamente con un país que durante demasiado tiempo fue injusto con él. Y el grupo logró que millones de argentinos volvieran a sentirse representados por un equipo que transmitía compromiso, humildad y sentido de pertenencia. La Selección volvió a emocionar. Y eso, muchas veces, vale tanto como un campeonato.
Messi, el símbolo de una época
Hubo un tiempo en que se discutía si Lionel Messi sentía realmente la camiseta argentina. Hoy esa discusión quedó sepultada por los hechos. El capitán no solo se convirtió en el futbolista más importante de la historia del seleccionado, también en el líder de la etapa más exitosa que recuerde el fútbol argentino. Ganó todo lo que podía ganar. Y cuando parecía que su historia ya estaba completa, volvió a conducir a la Argentina hasta otra final del mundo. Su legado excede cualquier estadística.
El recambio ya comenzó
España dejó una señal clara sobre el futuro del fútbol internacional. Argentina también. La renovación generacional será inevitable, pero no parte de cero. Durante las eliminatorias y este mundial surgieron nuevos nombres que asumieron responsabilidades y que tendrán la misión de sostener el nivel competitivo alcanzado por esta generación. Los ciclos terminan, los proyectos continúan.
Una ovación para los campeones
Cuando el avión aterrice en la Argentina, no debería haber reproches, debería haber aplausos. Porque este grupo devolvió el orgullo, la identidad y la ilusión de todo un país. Ganó como nadie había ganado antes y compitió hasta el último minuto de su última final.
(*) Por Ricardo Terán





