El concepto surge de un cambio en el comportamiento del turista. Los viajeros buscan replicar paisajes y experiencias de destinos famosos sin asumir los altos costos ni la saturación, eligiendo alternativas menos conocidas pero con características comparables.
La tendencia responde a factores económicos y sociales. El aumento de precios, la sobrecarga turística y la necesidad de experiencias más auténticas impulsan la elección de estos destinos, que permiten viajar con mayor previsibilidad y tranquilidad.
El impacto se extiende a nuevos territorios. Destinos emergentes comienzan a posicionarse como sustitutos de lugares tradicionales, generando oportunidades para regiones menos desarrolladas dentro del mapa turístico global.
El fenómeno redefine la industria. Los destinos “dupe” obligan a repensar la promoción turística y la distribución de flujos de visitantes, promoviendo un turismo más diversificado y potencialmente más sostenible.










