La iniciativa conectó tradición y experiencia turística. Los mercados Santa Clara, Central, San Francisco e Iñaquito se consolidaron como nuevos atractivos, combinando gastronomía, artesanías y saberes ancestrales.
El proyecto incluyó inversión en infraestructura. El municipio destinó más de 65.000 dólares para mejorar señalética, mobiliario y espacios gastronómicos, elevando la calidad de la experiencia para visitantes y comerciantes.
La propuesta se integró al circuito urbano. Los mercados quedaron vinculados a zonas estratégicas como el Centro Histórico, La Mariscal y el parque La Carolina, ampliando el recorrido turístico dentro de la ciudad.
La accesibilidad fue un eje central. Todos los puntos de la ruta cuentan con conexión mediante subte, Trolebús y Ecovía, facilitando el acceso tanto para turistas como para residentes.
La experiencia puso en valor el capital humano. Las “caceritas” aportaron hospitalidad y cercanía, convirtiendo la visita en un intercambio cultural auténtico, con atención cada vez más preparada e incluso en otros idiomas.
La estrategia consolidó un modelo sostenible. Quito avanzó en un turismo de proximidad que combina economía, cultura y comunidad, posicionando a los mercados como espacios clave del desarrollo turístico local.








