En el norte de la provincia de La Pampa, la localidad de Villa Casa de Piedra es un destino emergente del turismo argentino. Fundado en 2006, el pueblo más joven de nuestro país se posiciona como un oasis junto al río Colorado donde combina naturaleza, descanso y actividades al aire libre. Con apenas 185 residentes permanentes, el lugar ofrece aguas transparentes, extensas playas, pesca, kayak y camping cercano al Alto Valle de Rio Negro.
Villa Casa de Piedra se encuentra sobre la ruta provincial 6, en buen estado para el tránsito vehicular tanto de día como de noche. Desde el Alto Valle de Río Negro, se accede cruzando poco más de cien kilómetros de monte hasta llegar al embalse cuyas aguas verde esmeralda anuncian la llegada al pueblo.
Con playas extensas, precios accesibles y un entorno natural sin masificaciones, Casa de Piedra se impone como una alternativa ideal para escapadas de fin de semana. Entre las bardas, el silencio y el reflejo del sol sobre el agua, el pueblo más joven de la Argentina demuestra que también puede ofrecer uno de los destinos más tranquilos y encantadores del país.
El embalse Casa de Piedra es el corazón del pueblo. Sus aguas de deshielo mantienen una pureza cristalina y permiten disfrutar tanto del baño como de la navegación o la pesca deportiva. El ingreso al lago está dividido en tres sectores: uno para bañistas, otro para embarcaciones y otro exclusivo para pesca.

A solo doscientos metros se encuentra el camping municipal, con sombra, sanitarios con agua caliente, mesas y parrillas. Allí está prohibido hacer fuego en la playa, pero se permite acampar en un entorno cuidado y seguro. Los visitantes también pueden optar por alojarse en cabañas o casas particulares, y disfrutar del parador con vista al lago, que ofrece minutas, opciones sin TACC y menús vegetarianos.
Los días ventosos se llenan de color: veleros, kayaks y tablas de remo cruzan las aguas verdes del embalse, creando una postal única del paisaje pampeano.
La pesca deportiva es una de las grandes atracciones del lugar. La temporada se extiende de noviembre a julio, con veda de agosto a noviembre, y se requiere permiso emitido por la oficina de turismo local. El pejerrey es la especie más buscada, aunque ocasionalmente se capturan truchas.
Para los que prefieren tierra firme, la zona ofrece senderos de trekking sobre la barda, donde se han hallado restos fósiles y vestigios de antiguas civilizaciones. Las caminatas permiten disfrutar del silencio y la amplitud del paisaje, con vistas panorámicas del río y el desierto pampeano.
La villa también cuenta con un mercado regional, donde se venden productos típicos como vinos de la zona, quesos, fiambres y escabeches. Próximamente abrirá una bodega moderna sobre la barda, donde se elaborarán vinos con uvas de las chacras locales, fortaleciendo el perfil enoturístico del destino.






