El origen del recorrido se remonta a las épocas en que se utilizaba como un medio de transporte campesono para trasladar personas y mercancías, antes de transformarse en uno de los atractivos turísticos de referencia en el sudeste de Asia.
La experiencia mantuvo su esencia original con una plataforma de bambú montada sobre ruedas metálicas que circula por vías ferroviarias en desuso, impulsada por pequeños motores y con capacidad para varios pasajeros.
El funcionamiento sorprende a los visitantes. Cuando dos trenes se cruzaban en sentido contrario, uno debía desmontarse manualmente para dejar paso al otro, generando uno de los momentos más característicos del recorrido.
El entorno potenció la propuesta. El trayecto atraviesa arrozales, pueblos rurales y paisajes abiertos, y se combina con visitas a mercados locales, templos y cuevas cercanas.
La experiencia prioriza lo auténtico sobre el confort. Los asientos simples y el carácter rústico del viaje forman parte del atractivo, ofreciendo una vivencia directa con la cultura local.
El atractivo se consolidó a nivel internacional. El tren de bambú se convirtió en un símbolo turístico de Camboya, demostrando cómo una solución de transporte improvisada puede transformarse en una experiencia buscada por viajeros de todo el mundo.
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