Especializada en viajes y recorridos vacacionales, la revista Fodor’s publicó la lista de destnos que conviene no visitar debido al turismo masivo, la pérdida de identidad local o los riesgos ambientales. Este ranking negativo incluye sitios icónicos que, paradójicamente, se volvieron víctimas de su propio éxito.
La Antártida encabeza la lista por el crecimiento descontrolado de visitantes y la fragilidad de su ecosistema polar. Según los expertos, el flujo turístico podría duplicarse para 2033, poniendo en riesgo un ambiente que carece de mecanismos internacionales de control efectivo.
Le siguen las Islas Canarias, donde las protestas vecinales contra la saturación turística y la crisis habitacional derivaron en la creación de una ecotasa para quienes ingresen al Parque Nacional del Teide. La presión sobre los recursos naturales y la escasez de agua son ya un problema estructural.
En tercer lugar figura el Parque Nacional Glacier, en Estados Unidos, donde los glaciares desaparecen a un ritmo alarmante. De los 150 que existían a comienzos del siglo veinte, solo quedan veintisiete y podrían extinguirse para 2030, agravados por el aumento récord de visitantes y la congestión vehicular en temporada alta.
El cuarto puesto lo ocupa Isola Sacra, en Italia, un distrito costero de Fiumicino amenazado por un megaproyecto portuario impulsado por Royal Caribbean. Residentes y ambientalistas protestan por el impacto sobre dunas, humedales y fauna marina, que podría alterar definitivamente su ecosistema.

También aparece la región suiza de Jungfrau, donde la afluencia masiva de turistas complica la vida de los residentes, satura los servicios básicos y encarece los alquileres. En Ciudad de México, la presión inmobiliaria de plataformas temporarias como Airbnb llevó a una crisis habitacional y a la “mercantilización de la vida comunitaria”, según el informe.
El séptimo destino en riesgo es Mombasa, en Kenia, cuya infraestructura colapsa por el crecimiento acelerado del turismo de playa. La ciudad enfrenta contaminación costera, sobrepoblación y una pérdida de atractivo natural que podría comprometer su futuro como centro turístico.
Finalmente, Fodor’s advierte sobre Montmartre, en París, donde la llegada de once millones de visitantes anuales ya supera la capacidad del barrio. Los precios inmobiliarios se dispararon un 35% en un año y la pérdida de autenticidad amenaza con despoblar la zona.
Según la revista, estos casos reflejan una tendencia global: la necesidad urgente de repensar el turismo masivo y priorizar la sostenibilidad, la identidad cultural y la calidad de vida local por sobre la cantidad de visitantes.






